El ser humano: diseñados para movernos
viernes 9 febrero 2018

La incongruencia del ser humano

Hace un tiempo ya leí en el diario un artículo bajo el título “La actividad física aumenta la esperanza de vida hasta 4,5 años”. De aquellas líneas podríamos extraer una única idea, simple, conocida por todos, pero que no nos cansamos de repetir: ¡muévete! Así pues, compartí ese mensaje (y el enlace) en mis perfiles de Facebook y Twitter. Al poco rato, un internauta me twiteó: Permíteme que cite a mi propio padre: “tanto gimnasio y tantos partidos y luego no eres capaz de sacar al perro!”. ¡Genial! ¡Y cierto, como la vida misma!

Esta reflexión, tal vez de una persona madura abrumada por los cambios tan radicales que ha sufrido la sociedad en el último siglo, es de una simpleza y, al mismo tiempo, profundidad contundente. Las nuevas generaciones tenemos ya muy asumido que debemos minimizar cualquier esfuerzo físico que pueda cansarnos. Por algún motivo vivimos en un estado de bienestar, ¿no? El trabajo ya no depende de la mano de obra del ser humano.

Hoy gastamos entre 300 y 500 calorías menos que hace 30 años

Desde el principio de su existencia, el ser humano ha luchado por conseguir comida. Incluso hoy en día, millones de personas pasan hambre. Durante miles de años la prioridad número uno para sobrevivir ha sido encontrar comida. En el siglo XVIII, nueve de cada diez personas trabajaban directa o indirectamente en la producción o distribución de comida. Hoy en dia, mucha más cantidad de comida es producida y distribuída por tan sólo el 20% de la población trabajadora. Pero no siempre ha existido esta facilidad para alimentarse, si no que, al contrario, en muchas ocasiones había escasez de comida, por lo que el cuerpo humano ha sufrido adaptaciones fisiológicas para sobrevivir a esas épocas de hambre. De hecho, la mayor parte de la población mundial todavía emplean la mayor parte del tiempo en cultivar o buscar comida, mientras en que los países industrializados perdemos el tiempo tratando de compensar el exceso de comida (calorías) ingeridas.

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¿El fitness como solución?

Seguramente este es uno de los motivos de la existencia de los centros de fitness. La mayoría de personas no buscan mejorar su rendimiento en una práctica deportiva, si no compensar las consecuencias de un estilo de vida sedentario. De hecho, si lo pensamos fríamente, la mayoría de actividades que proponemos en los centros de fitness son totalmente “artificiales” y tienen poco que ver con las necesidades reales del ser humano (en cuanto a capacidad de movimiento). Pero bueno, intentamos ofrecer variedad y novedades, mantenerlos motivados (¿o entretenidos?) y que al menos se muevan un poco. Algo es algo, ¿no?. Además, en eso consiste nuestro “business”.

El problema aparece cuando leemos que los índices de sobrepeso y obesidad siguen creciendo de forma alarmante (especialmente entre los más jóvenes), con el consiguiente aumento de un gran número de enfermedades y patologías derivadas de ello, la mayoría de las personas en nuestra sociedad ni hace deporte ni cumple los mínimos de actividad física recomendados por la OMS, y los que deciden venir a nuestros centros, apenas duran 6 meses… Sin duda, algo debemos estar haciendo mal.

Más allá de nuestra labor profesional como entrenadores, creo que debemos tomar consciencia de la responsabilidad social que tenemos. Y, si de verdad queremos invertir esas cifras tan pesimistas, debemos empezar a hacer algo más allá de nuestros centros de entrenamiento. ¡Es prácticamente imposible compensar con 2-3 horas lo que hacemos durante las restantes 165 horas de la semana! Así pues, como sucede con las dietas, debemos ir un paso más lejos. No basta con que nuestros conciudadanos hagan ejercicio… ¡Deben modificar su estilo de vida para ser más activos!

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Ir al gimnasio no es suficiente

¿Cuántos de nosotros huimos de las escaleras? ¿Quién no intenta aparcar el coche lo más cerca posible de la entrada del centro comercial? ¡Aunque esté dando vueltas a la manzana durante 10’-15’! Y los sprints en los transportes públicos para alcanzar el asiento libre (al estilo de aquel antiguo pero popular juego de la silla). ¿Y los que dejan de caminar cuando pisan las cintas transportadoras de los aeropuertos? Tal vez la suma de las dos velocidades les produce vértigo… ¿Y aquellos que, entrenando en la sala de fitness, después de cada serie de bíceps corren a sentarse mientras se recuperan de la serie? ¡¿Cuántos no caminan los 15’ que hay entre su casa y el gimnasio pero nada más llegar ponen en marcha la cinta y caminan sobre ella?!

Si miramos alrededor, estamos rodeados de personas con baterías bajas, que están siempre cansadas (¡se levantan cansadas!), con pocas ganas de hacer cosas, que cualquier madrugón o esfuerzo físico moderado los deja k.o. para todo el día. ¡Y muchos no llegan a los 30 años! Cuántas veces me acuerdo de mis abuelos y de la vitalidad, energía y capacidad de trabajo que mostraban durante los largos días al cuidado del ganado y el huerto en una pequeña aldea de Lugo. ¿Tanta ha sido la involución genética? Lo dudo.

Las enfermedades cardiovasculares, enfermedades de la actitud

Hace un tiempo escuché una frase genial del Doctor Valentí Fuster: “Las enfermedades cardiovasculares en realidad son enfermedades de la actitud”. ¡Bingo! No queda otra, si realmente queremos invertir esta epidemia del sedentarismo actual, además del ejercicio físico, hemos de incentivar la actividad física espontánea, no estructurada, natural… Aprovecha cada oportunidad para moverte, utiliza cada obstáculo que te encuentres por el camino, toma la vía más difícil, camina, utiliza una bici y aparca el coche, juega con tus niños o con tu mascota, etc… Pero, ¡¡muévete!!

Una historia personal: Vivo en una gran ciudad, Barcelona. Me muevo en transporte público y siempre que puedo camino o utilizo el sistema de bicicletas públicas (Bicing). Hace ya algunos años que mi mujer Cris y yo hicimos un trato: cada vez que hiciéramos un trayecto con la bici en lugar de usar el metro pondríamos 1 € en una hucha (lo que aproximadamente nos habría costado el transporte público). Además de ser una excusa perfecta para ser más activos, es un medio de transporte ecológico y al final del año disponemos de un extra para algún capricho. En nuestro caso  ¡Quien no se motiva, es porque no quiere!

PD: Os dejo una foto que corre por internet pero que ejemplifica perfectamente en qué nos hemos convertido 🙄

3 respuestas a “El ser humano: diseñados para movernos”

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